Reseña del libro Aquí es Jalpa ¡Chiquihuiteros!

Comentarios al libro Aquí es Jalpa… ¡Chiquihuiteros!, de Chalo Aréchiga


Mi sacrosanta abuela paterna me dijo un buen día, a la hora del almuerzo, en Tabasco, cuando era niño, que a la gente de Jalpa había que decirles Los Chiquihuiteros. ¿Y eso por qué abue? Pues porque ellos nos dicen Los Nopaleros, hijo ―me contestó, mientras me servía un plato de nopalitos con frijoles refritos con manteca de cerdo―. Andando el tiempo, con algunos de mis amigos jalpenses, compañeros de la universidad, solemos intercambiar burlonamente ambos dudosos gentilicios.
Las características culturales, étnicas y ambientales de los pueblos de nuestros cañones parecen formar una identidad propia que se advierte hasta en el tonito de hablar, en comidas, fiestas y aficiones. Alguien pudiera pensar que son pedazos de Jalisco remetidos en Zacatecas, pero yo más bien diría que se trata, históricamente hablando, de la peculiaridad propia de las múltiples maneras que hubo de ser neogallegos. Es decir, bien vistas las cosas, el México de nuestros días se compone culturalmente de muchas naciones, pero podemos dividirlas en dos básicas: la Nueva España y la Nueva Galicia. Ciudad de México y Guadalajara, reduciendo al extremo las cosas y para que lo entiendan hasta los de Aguascalientes.
En la Nueva Galicia, antigua patria nuestra, también se presentaban señaladas formas de urbanismos y vocaciones económicas. El norte minero, tempranamente mestizo y casi despoblado, y el sur maicero, indígena y abigarrado. Viejos pueblos de tradiciones ancestrales son los de nuestros cañones, con vigorosa vitalidad propia desde antes del contacto con los europeos y que hoy sobreviven a los embates de devastadores procesos migratorios.
Pero este libro del médico veterinario Gonzalo “Chalo” Aréchiga, su opera prima, no se mete en tales honduras de la historia para dar cuenta de un Jalpa que se ha ido para siempre y que solamente vive en la mente de los de su generación. De los que se quedaron en México o de los que viven, o se desviven, al norte del Río Bravo. El problema es que esas reminiscencias mentales sólo se exteriorizan, en el más afortunado de los casos, en las charlas de padres a hijos, en el ambiente cerrado de los hogares. Palabras que se las lleva el viento nada más al tocar los aburridos oídos de los nietos.
Alguien tiene que contar las cosas, pero hacerlo por escrito. El mismo Chalo me ha dicho que sentía el compromiso —uno de esos compromisos que uno hace consigo mismo, precisamente los que suelen ser más cabrones al momento de cumplirlos—, de dejar escrito su testimonio de vida antes de morir. Lo ha hecho muy a tiempo porque nuestro amigo veterinario tiene aún muchos años por delante. La crónica que presentamos en esta ocasión está escrita con desenfado y sencillez, con la libertad y pulcritud con que se habla de algo a lo que se ama con veneración. Jalpa no es en este sentido un punto más en el mapa de Zacatecas, sino un escenario de tierra, montañas, aire y seres humanos que desfilan en el cálido paisaje irrigado por el Río Juchipila. Se trata al mismo tiempo de la percepción que del terruño se tuvo desde una infancia feliz.
Fijándose bien, no hay malicia en la visión de su pueblo que en esta crónica nos regala Gonzalo Aréchiga. Sólo la emoción divertida y asombrada de los ojos párvulos del autor. Porque gente méndiga las habemos en todos lados, así como la tragedia y la desgracia. Pero para un niño estos aspectos negativos no existen todavía, comienzan a cobrar materialidad con la llegada abrupta de las hormonas juveniles y, eso sí, poco a poco en la mayoría de los casos.
Muchas de las cosas aquí contadas me suenan muy conocidas porque como pueblos vecinos, Tabasco y Jalpa comparten no sólo el río, sino el clima y las tradiciones. Me suena por ejemplo que eran motores de barco muy bien adaptados, los que generaban la energía eléctrica en la primera mitad del siglo XX, y que se interrumpía el servicio a las diez de la noche; que los cines de los pueblos invitaban a los lugareños al son de la Marcha Zacatecas; que nunca falta un ciego o ciega al que se le cuelguen milagros o se le jueguen bromas crueles; que hubo quienes vendían tierra para macetas o arena y cal a lomo de burros; que en las tiendas locales podía encontrarse desde un clavo hasta sillas de montar, pasando por manteca y aperos de labranza.
El periodo en que se ubica la narración es precisamente el tiempo de grandes transformaciones en el país, momentos en que la sociedad rural se insertaba en la periferia de la modernidad industrial y la llegada de la sociedad de consumo. El milagro mexicano, como signo de un tiempo en que la Coca Cola sustituyó sin piedad a los Oranches artesanales de los pueblos; en que las factorías zapateras del Bajío aplastaron a las huaracherías; en que las licuadoras comenzaron a darle en la madre a molcajetes y en que la televisión acabó con el trompo y la lotería. En que Sabritas devoró a la mesita de cacahuates tiznados a las afueras del cine de Jalpa, con todo y cachimba. Todo esto lo vieron los ojos de un niño llamado Gonzalo Aréchiga.
Y qué decir de los sonoros nombres de antaño, de los que Jalpa fue tan prolijo y que desfilan por la prosa de Chalo Aréchiga, en colorido convite. Podemos comenzar por algunos medianamente masticables como Calixto, Edelmira, Pompeyo, Martiniana, Merced y Apolinar; y continuar con nombres de alto contenido rulfiano como Protasio, Sidonia, Simeón y Donato. Finalmente hacemos un cierre sensacional con las verdaderas maldiciones, como Prócoro, Edilburga, Andrónico y el insuperable don Restituto. Estos últimos sólo comparables el día de hoy con la calamidad de llamarse Bryan, Jonathan, Jacqueline, Jajaira o Christian, y encima apellidarse Hernández, Pérez o Martínez.
Por lo demás, Jalpa ha tenido numerosas plumas que, desde el más puro amor a la tierra, le han escrito con pasíón y verdadera devoción. Es por esto que Aquí es Jalpa… ¡Chiquihuiteros! es un libro cuya lectura es recomendable desde todos los puntos de vista, ya sea por su amenidad, su ritmo de exposición, por las fotografías antiguas y recientes que recopila, pero sobre todo por el desinterés y generosidad con las que su autor comparte con a sus lectores parte de su propia alma.



Ciudad de Zacatecas, invierno de 2007

José Enciso Contreras

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Comentario de Sergio M. Sandoval el enero 25, 2011 a las 2:12am

 Ojala que esto continue, cada comentario me regresa a una de las etapas mas lindas de mi vida.

Comentario de FRANCISCO VELASCO REYNA el enero 24, 2011 a las 2:58pm

ASI ES MI ESTIMADO ELIAS SANDOVAL, AUN EXISTEN ESAS PILAS EN LA CASA DE TUS ANTECESORES DONDE SE CURTIAN LAS PIELES. EL POZO DE AGUA DEL CUAL SE ABASTECIAN PARA REALIZARA ESE TRABAJO  AUN TIENE SU BUEN NIVEL FREATICO, ESOS MEZQUITES CENTENARIOS GUARDIANES DEL LUGAR AUN PERMANECEN VIVOS CUIDANDO DE ESAS TAPIAS VIEJAS QUE NO TARDAN EN CAERSE, ALMAS PENENDO POR AHI, QUIEN SABE, PUEQUE A LO MEJOR MI ABUELA PATROCINIO SANDOVAL SE ECHE SUS VUELTECITAS A RECORDAR SUS AYERES.

 

Comentario de Mary el enero 24, 2011 a las 1:15pm

Recuerdo bien Francisco Velasco Reyna mi gran amigo ( pariente lejano)  jeje.... wow bonitos recuerdos.  Me recuerdo me iba con mis primas  Margarita  y Elena Rodriguez  a cortar nopales para el lado de Huiscolco  jajaja  que  al final yo no cortaba nada :P solo hacia que hacia pero  al final solo estorbaba.  Nos traiamos dos botes de nopales bien ricos jeje.   

 

Comentario de FRANCISCO VELASCO REYNA el enero 24, 2011 a las 12:27pm

ES UN PLACER EL LEER ESTAS LETRAS QUE NOS RECUERDAN A NUESTRA TIERRA, SI ASI NOS LLAMABAN LOS DE JALPA "NOPALEROS" HOY COMO NOS LLAMARAN, POR QUE YA HASTA LOS NOPALES SE ACABARON, AQUELLOS LUGARES CERCANOS AL PUEBLO LLENOS DE NOPALES SE QUEDARON PELONES, EN AQUELLOS ALLERES EN MENOS QUE CANTA UN GALLO RONCO LLENABAMOS DOS CUBETAS DE 20 LITROS, NO DE PLASTICO, ACLARO, DE PURA LAMINA GALVANIZADA.

CON EL TIEMPO LOS NOPALES SE ACABAN, LA GENTE PARECE SER QUE TAMBIEN DEJA DE EXISTIR, ES UNA LASTIMA EL MUNDO DE COSAS QUE HOY SUCEDEN EN ESTE PUEBLO PARA QUE A LAS 6.00 O 7.00 DE LA TARDE, DOS TRES ALMAS CAMINEN PÒR EL CUADRO, NO SE DIGA A LAS DIEZ DE LA NOCHE, PUEBLO FANTASMA ES ESTE TABASCO QUERIDO A ESAS HORAS TEMPRANAS DE LA NOCHE, TODO POR ESOS MONDRIGOS DESESTABILIZADORES SOCIALES MODERNOS, POR NO LLAMARLES DE OTRA MANERA.

 

Comentario de elias sandoval ruvalcaba el enero 24, 2011 a las 10:10am
muy buen comentario don Jose. las personas que nacimos aqui, somos una sola tierra, con todos sus aromas, desde los guaches, hasta las tunas, mis antepasados eran curtidores de cueros enHhuiscolco,nos une la escencia de nuestras tradiciones y ay que gritarlo a las demas generaciones. saludos. Profr. Elias Sandoval Ruvalcaba
Comentario de ricardo santana el enero 24, 2011 a las 8:20am

Gracias por darnos  el gusto de compartir la pluma y la tinta en este rinconcito de expresion de nuestro muy querido y golpeado municipio

 

Comentario de jose enciso contreras el enero 23, 2011 a las 7:29pm
Estimados amigos: Gracias por sus comentarios. El libro de Chalo Aréchiga está disponible en la Nevería Acrópolis y en la Librería Zacatecas, en la ciudad de Zacatecas. procuraré conseguir el correo electrónico de Chalo para posibles envíos al extranjero. Un saludo. Enciso
Comentario de esteban rodriguez el enero 23, 2011 a las 1:34pm
sin duda que es un muy buen libro felicidades Don Jose,y gracias por compartir tan importante Informacion.saludos desde California..
Comentario de Juan Carlos Gómez Martínez el enero 23, 2011 a las 8:21am
¿Dónde se conseguiría el libro acá en el Norte?
Comentario de Mary el enero 23, 2011 a las 7:00am

Gracias sr. José, como siempre tan interesantes sus aportaciones. Dios lo bendiga!

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